domingo, 8 de enero de 2006

La Nanny

Frau Yahabbi estaba deseperada! No daba más. Hacía más de mil y una noches que había dejado su querido Irán y nada era como antes. Ni el brillo de palacio, ni los dátiles, ni las alfombras...y ¡ni hablar del servicio doméstico!. Era duro el exilio en un departamento de pequeño burgués en el mejor barrio de Zürich. Esos 500 metros cuadrados la ahogaban, pero también, como no, la sobrepasaban. Dónde, Dios mio, dónde habían quedado esos grandes salones, los que cruzaba ondulando sus brazos y haciendo tintinear las pulseras...dónde el Sha, dónde la queridísima Farah y todos los tan queridos Rezha Palevi. Lo que el viento se llevó, y ella clavada en Zürich y teniendo que sacudir los muebles!
La depresión la tenía flaca, y Herr Yahabbi, cuyo ideal de belleza distaba bastante del costillar con patas en que se había transformado Frau Yahabbi, decidió tomar cartas en el asunto. Puso un aviso destacado en la Züriche Zeitung, el diario de mayor circulación, y se dispuso a esperar a la que sería "la elegida".
Pobre Herr Yahabbi, adivinen quién leyó el aviso...Nana chilena, osea yo.

El manejo del idioma alemán de Frau Yahabbi era bastante básico, y su desesperación enorme. Sólo a partir de esa doble precariedad se entiende que decidira contratarme, considerando mi desempeño en el interrogatorio que tituló "entrevista"

-Sábes cocinar?
-Nooo, osea, saber saber...pero no se preocupe, el que sabe leer, Frau Yahabbi, sabe cocinar...
-(!!!)
-¿y planchar?
-a eso le pego más o menos, por ejemplo se planchar paños de cocina..
-????
-¿y servir la mesa?
-Ah, no, eso si que no, me pone nerviosa porque soy un poco tiritona...
-Bueno, y dú, endonces, ¿qué diablos sabes?
-Mhm....¡¡¡Sé cuidar niños!!!

Los ojos de terciopelo de Frau Yahabbi se iluminaron con el brillo altanero de los que nacieron para mandar. Su familia lo venía haciendo desde antes que Alejandro Magno decidiera quemar Persépolis, asiesque tenía oficio. Echó para atrás la cabeza, recuperó la prestancia, me gruñó algo así como 15 francos la hora y ni un beso (peso) más, y me incorporó al séquito.
Lo que pasa es que Los Yahabbi, que oficialmente estaban enamorados de un niñito precioso que se habían importado desde Brasil, en la práctica estaban hasta la coronilla. El niñito, que de día sólo quería bailar y jugar a la pelota, en la noche se negaba a dormir. Los Yahabbi, emparentados con saudis petroleros, y conectados con millonarios de verdad, eran asiduos a las fiestocas del mundo, a las grandes capitales (y a los grandes capitales, por supuesto) y después del trasnoche necesiaban dormir. Lulah( Abdulah), abreviado curiosamente con el nombre de otro brasilero que le torció la mano al destino, era implacable. Toda la risa del día se transformaba de noche en un llanto desgarrador, su corazoncito parecía preso de una saudade indescifrable que tenía a los padres adoptivos con los cables pelados.
Entre "sudacas" se entenderán, se habrá dicho Frau Yahabbi, pasó por alto mi falta de experiencia doméstica y pensó que estaba haciendo un buen negocio.

Llegó el primer día de trabajo, que pronto se convirtió en mi rutina de nana chilena en el corazón de Zürich.
Partía en un bus a las 7.30 de la mañana, junto con un regimiento de mujeres portuguesas. A medio camino se subía un grupo de niños con sídrome de Down y a las portuguesas les cambiaba la cara...abrían los ojos, dejaban atrás la nostalgia, parecía que se esfumaban los nombres de Coimbra...Ebora... Oporto ...y empezaba el chivateo, el ritual de saludos en un esperanto curioso, mezcla del suizo gutural de los niños-hombres y del portugués maternal, pero duro, quebrado y melancólico de las mujeres. El bus, hasta ahora silencioso como todo en Suiza, se llenaba de sonidos:" Jruitismiteinond, obrigada meu filhio, meu mininho, obrigada Töchterlie..."
La estrella del recorrido era un niña-mujer que se guardaba la dentadura en un bolsillo y la sacaba para saludar en cuanto subía al bus. Era la titiritera de su placa, la que hacía castañar entre los dedos mientras sonreía de oreja a oreja con su bote sin dientes. A pesar de que la escena se repetía a diario, (y que era bastante asquerosa), las portuguesas nunca dejaron de celebrar la gracia y los demás niños de aplaudir. Se armaba una pelotera de mono animado, lo que permitía que cada uno de estos seres medio marginales que viajábamos en el bus, partiéramos el día con una porción adicional de endorfinas.

Fue puro entrar en la residencia Yahabbi, para darme cuenta que la cosa se venía dura. Dura para mi, pero también dura para ellos! El primer día fué desastroso. Mi patrona me tiró de entradita a los leones, ordenándome (sin mirarme, por supuesto), cambiarle la funda a un plumón King size. Eso, déjenme que les diga, es muy difícil! ¡es lo peor! Hay que intentar hacer coincidir una punta de la funda con una punta del plumón y mantenerla agarrada firmemente con una mano. Con la otra hay que tomar la otra punta de la funda y del plumón y también mantenerla agarrada. Hasta aquí todo relativamente bien, sólo que el plumón y la famosa funda tienen cuatro puntas y yo tengo dos manos. La teoría indica que con las dos puntas sujetas hay que agarrar vuelo, hacer una pirueta y darlas vuelta, de forma tal que el plumón quede por dentro y la funda por fuera. También existe la fórmula artesanal, que es la de gatear por el interior de la funda, con el plumón sujeto entre los dientes, tratando de encontrar las esquinas superiores para luego irse deslizando hacia abajo. Yo apliqué técnica mixta y me fue muy mal. Terminé desesperada, hecha un ovillo entre la funda y el plumón y con la Yahabbi rescatándome a tirones del enredo de plumas y sábanas . "Frau Yahabbi," le dije, "esta cuestión es imposible! vamos a tener que hacerla entre las dos!" Esa fue su primera sorpresa.

La segunda fue mi habildad para el planchado. La pobre señora (que tampoco sabía planchar) sospechaba que 25 minutos por camisa era mucho, a pesar que yo le aseguré que "NADIE, le prometo Frau Yahabbi" era capaz de planchar más rápido. Ella gruñía algo así como que "bor lo menos les kedarán sin arrugas" pero a mi me entraba por una oreja y me salía por la otra. Un día feliz, descubrí un pack de seis spray "plancha fácil" en la despensa. Me hice adicta, rociaba las camisas como si las estuviera fumigando. Las dejaba tiesas, crujientes,verdaderas camisas de cartón, lo que le confiría una prestancia adicional a Herr Yahabbi que parecía un soldadito de plomo dentro de su armadura. Todo bien, hasta que el pobre señor tuvo un inédito ataque de asma y Frau Yahabbi comentaba preocupada "bi barido diene una jalerjia..."
Bueno, y el marido, ese que estaba a merced del spray de la Nanny .... era comerciante de alfombras, pero pregúntenme qué alfombras. Maravillas milenarias destinadas a los 20.000 más poderosos del planeta. Y todo en efectivo, puro chin chin. Yo, que insisto...ser chilena pero no tonta, le llevaba una contabilidad paralela a Yahabbi, que seguramente pensaba que yo no sabía leer, o que el escritorio se limpiaba solo. En las mañanas me tocaba vaciar el contenido delator del papelero. Tres veces por semana amanecía lleno de huinchas de papel con el impreso "100.000 schweizer Franken". Yahabbi transaba millones desde el sillón de su casa.
También comerciaba con antiguedades que habrían hecho llorar de codicia al Museo Británico. Mejor dicho, lo que se salvó del Museo Británico fue a parar a la casa de los Yahabbi.
Anforas griegas, figuras etruscas, jarrones de la dinastía Ming...y yo, tenía que sacudirlas!!! Para eso sí que me tomaba mi tiempo, en una verdadera ceremonia de amor. Más que sacudirlas, las acariciaba con el paño, cosa que a la Yahabbi la ponía frenética. Amenazó con encargarle a la Gretchen (la otra nana) la sacudida de la "Kolektha" y yo la amenacé con renunciar. "A la Gretchen, Frau Yahabbi, le da lo mismo sacudir un lustrín que la Kolektha". "La Kolektha es pega mía, si no sacudo yo, me voy!
Ese era un lujo que la Yahabbi no se podía dar, porque su Ronaldinhio chiquitito y yo, éramos partners. Bailábamos, comíamos chocolate, salíamos de paseo, y cuando estábamos deprimidos tomábamos a escondidas los álbumes de fotos y nos reíamos a gritos de la parentela. Encontrarlos a todos horribles era terapéutico, algo así como la venganza del Califa.
Lulah, fíjate en la abuela, ja,ja, ja....no, mejor todavía, mira a la sobrina..ji, ji, ji. Tirados de guata sobre la alfombra escuchábamos un casette de Caetano Veloso, y éramos felices... el principito de dos años y la sirvienta.
A las seis lo bañaba, le ponía el pañal nocturno, le inventaba unos secretos en un brasilero inventado y uterino y lo dejaba plácido, soñando con las calles de Bahia. No chistaba hasta el otro día. ¿Les queda claro porqué los Yahabbi me soportaban las mañas y estaban dispuestos a que sacudiera la Kolektha de por vida, aunque en cada jarrón me demorara como si lo estuviera restaurando?

Mi carrera doméstica con los miembros de la corte Iraní terminó abruptamente un día que llegaron el papá y el hermano de visita. Traían muchas maletas, me pasaron las llaves del auto y me dijeron: "Súbelas"! Arrastrando, furiosa, resoplando, a tirones logré acarrear la primera maleta al ascensor, llegué al departamento, le devolví la llave al joven maravilla y le dije: las otras, cabrito, las subís tú!
Le di un abrazo al Lulah, miré por última vez la Kolektha y salí corriendo!

18 comentarios:

  1. Gracias Andrea por este bello cuento.
    Por favor sigue adelante

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  2. Me parece genial. Me sonreí y reí mucho. Muchas gracias por los minutos de regalo.
    Un abrazo,


    Pato

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  3. Me he reido mucho con tu relato.Felicitaciones

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  4. qué gran relato!!!

    Saludos,

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  5. Vamos, sigue; adonde fue a parar después de esa escapada tan abrupta ??

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  6. Te pasaste, me encantó este cuento,te confieso que muchas veces me sentí dentro de la historia.. encantador, limpio, cosmopolita.... muy entrete...

    sacale el jugo a esa vena !!

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  7. que buen texto, envuelve, atrapa y como si fuera poco instala sonrisas en el rostro

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  8. Esto ya es demasiado, me están dando ganas de leer el libro !

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  9. Aclaración:
    El cuento no es cuento. La nana chilena soy yo. La Historia es cierta!

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  10. ¡Qué bueno tu cuento que no es cuento! Me maté de la risa. Sigue, sigue y sigue.

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  11. Una entretenida experiencia de vida, entonces, pero que parece un relato de ficción de Sheherezade, combinado con los "turcos" de algunas narraciones de Amado.

    Muy ágil tu estilo narrativo y buenas figuras. Me gustó, como siempre.

    A

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  12. Anónimo08:50

    Qué bien escribes, Andrea!
    Tienes una pluma inteligente y fina, llena de humor del bueno. Uno de tus méritos consiste en hacer de las cosas más triviales, verdaderas aventuras! ¡Eres muy entretenida!!

    Raimundo Lorca

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  13. Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

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  14. Para variar, un relato entretenido y lleno de ritmo.
    Reír es tan sano, tan necesario en mí vivir, que ya eres parte fundamental de mi terapia diaria.
    ¿Cuándo nos vemos?

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  15. Andrea: Como todos disfruté mucho tu relato. Me encantó tu relación con Lulah, privilegiado él, al poder escuchar tus cuentos en vivo y en directo.

    Saludos y gracias por tus visitas.

    Iris.

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  16. Excelente relato, me encantó. Hasta estuve un rato en Zurich con la nany... felicitaciones, sigue adelante.

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  17. Eres la mejor, que divina la nanny.
    cuendo empezamos las clases?
    Besos.

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  18. Gran relato!!! tu historia fue muy buena... hasta en el final me reí :D creo que seguiré leyendo tus posts... ;)

    slds!

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